Muchos años de acompañamiento en el ámbito terapéutico nos han transformado y nos han hecho más sensibles a la escucha del valor que el encuentro tiene en nuestras vidas, así como la responsabilidad de dar cuenta de nosotros mismos. Una responsabilidad cariñosa que nos permite la liberación, el crecimiento y el impulso de vida.
Como líneas psicoterapéuticas que caracterizan a AGUA y marcan una guía para construir damos cuenta de:
• El psicodrama
• La bioenergética
• Las terapias corporales y expresivas
• Las terapias energéticas
• La hipnosis regresiva
• La terapia Gestalt
• El psicoanálisis
• La arteterapia
• La terapia familiar y las constelaciones familiares
• La meditación y los caminos que nos llevan a una vivencia espiritual entrelazada en toda la humanidad que nos alberga.
Damos fé en estos años del anhelo de conocer y de saber y de ser que nos vamos encontrando en las personas que acompañamos en terapia. Escuchamos de ellos esa sed y ese hambre de transformarse y conocerse. Una sed y un hambre cada vez más palpitante. Buen ritmo en una cultura que esconde muy fácil lo que verdaderamente somos.
Deseamos ser un espacio de crecimiento y de nacimiento de lo que necesite ser alumbrado. Un espacio para despertar lo dormido en nosotros, los seres humanos, tan afines, tan iguales y particulares. Un espacio que de luz a nuestras verdades escondidas, como a aquellas que sondean aguas más profundas, aquellas verdades más sensitivas, más emotivas, más intuitivas o más transcendentales.
Nuestra mirada es fielmente humanista. Se apoya en la certeza de la brillantez de la naturaleza del ser humano y apunta hacia un horizonte de desarrollo y expansión. Entendemos que el sentido a conquistar en nuestra existencia es aprender a ser sensibles a lo que esta vida tiene para nosotros y nosotros para ella. Aprender a recibir y recibirnos.
La adaptación al nacer, queda marcada inevitablemente por los daños en nuestras capacidades más valiosas, dificultando el despliegue de nuestra forma de amar y de recibir el amor. Esta capacidad de amar dota de todo peso al sentido de nuestra existencia y, al estar afectada, entorpece el natural fluir del dar y del recibir.
El camino en el aprender la facilidad de dar y darnos, no es otro que el sondeo de las heridas que sufrimos y que se traducen en nuestra torpeza. Es necesario albergar confianza para dejarnos en paz y ser capaces de mirar mucho más allá de la corta mirada que nuestros miedos imponen. Y entrar también en la conciencia de que la vida es mucho más grande que nosotros y llegar a experimentar, que podemos dejarnos abrazar por ella.
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